martes, 20 de diciembre de 2011

Ella despidió a su amor, el partió en un barco en el muelle de San Blas. El juró que volvería y empapada en llanto ella juró que esperaría. Trece lunas pasaron y siempre estaba en el muelle esperando, muchas tardes, se anidaron, se anidaron en su pelo y en sus labios. Llevaba el mismo vestido y por si el volviera no se fuera a equivocar, los cangrejos le mordían su ropaje su tristeza y su ilusión.     Y el tiempo se escurrió y sus ojos se llenaron de amaneceres, en el mar se enamoró y su cuerpo se enraizó en el muelle. 
Su cabello se blanqueó, pero ningún barco a su amor le devolvía. Y en el pueblo le decían, le decían la loca del muelle de San Blas. Una tarde de abril la intentaron trasladar al manicomio, nadie la pudo arrancar y del mar nunca jamás la separaron

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